Las fiebres de la memoria

Las Fiebres de la Memoria de Gioconda Belli: amor, misterio y aventura, una mirada íntima al reto de reinventarse una identidad y aceptar una segunda oportunidad

—por Luis Fernández-Zavala Ph.D. (*)—El acto de escribir
tiene un efecto civilizador
para la conciencia.
Gioconda Belli

Una de las más prolijas y laureadas escritoras de Latinoamérica, la novelista y poetisa nicaragüense Gioconda Belli nos entrega una delicia de novela de 358 páginas titulada Las fiebres de la memoria (Editorial Planeta – Seix Barral 2018). La escritora no es nueva en el quehacer literario habiendo publicado desde 1972 hasta la fecha, veintidós obras entre poesía y narración y obtenido a lo largo de su carrera literaria, más de dieciséis premios literarios nacionales e internacionales. El último que obtuvo fue el Premio Eñe 2018 otorgado por el Festival Eñe en reconocimiento a su obra, trayectoria y compromiso cívico.
En esta oportunidad Gioconda Belli, con una pluma ágil y una bien estructurada narrativa, nos cuenta las aventuras del duque francés Charles Choiseul de Praslin desde el momento en que se ve envuelto en el asesinato de su esposa (Françoise Altaria Rosalba Sebastiani de La Porta), hasta que su fallido intento de suicidio le abre la oportunidad de una segunda nueva vida con otra identidad en los territorios nicaragüenses. Su huida de Francia, con la ayuda del rey Luis Felipe I de Orleans, lo lleva a un largo periplo que pasa por la Isla de Wight, Londres y Liverpool en Inglaterra, New York y finalmente, Matagalpa en Nicaragua. Su fuga la hace acompañado de Ibrahim, un moro pagado por el rey francés, que se convierte en su enfermero, protector, asistente, ayuda de cámara, mayordomo y confidente que no solo le facilita la logística de su fuga, sino que también lo ayuda a deshacerse de su identidad aristocrática para convertirlo en un burgués común y corriente de la época.
La tragedia personal del duque, sin embargo, no empieza con su accesoria participación en la muerte de su esposa, sino que se genera en su relación matrimonial disfuncional y su posición de poder nobiliario aliado del rey. Con una esposa obsesiva y nueve hijos que fueron la forma de tenerlo atado a una relación sin amor, y con una amante-institutriz que le reclama sujeción y status, su mundo aparentemente ordenado y su posición de poder rodeada de escándalo, comienzan a desmoronarse y abren las compuertas para el clímax de la desgracia. Esta misma situación, sin embargo, es el comienzo de su aventura en la que el duque tiene que “morir” otra vez, ya no en términos físicos y públicos, sino en relación a su pasado. Siguiendo muy de cerca al duque en otros territorios, con otro nombre y con una biografía inventada, el lector se preguntará si habrá redención posible para el duque y de qué depende ésta. En toda su travesía, dos fantasmas (fiebres) lo acechan impidiendo lograr su cometido: la culpabilidad y la negación de su identidad aristocrática. En ambos, la memoria jugará un papel determinante: ¿Cómo lidiar con esta memoria para iniciar una nueva vida? 

En parte, la efectividad de la terapia vivencial del duque estará condicionada por la nueva sinergia con personajes cuya transcendencia no se basa en el poder adquirido por títulos nobiliarios, sino por su calidad humana y sus habilidades personales producto de sus esfuerzos y entrega a causas de diferente índole y significancia. Se encontrará con personajes con quienes nunca se hubiese podido relacionar, si se hubiese quedado siendo el mismo personaje aristocrático de siempre. Se relacionará con científicos, poetas, soñadores, emprendedores, pobres migrantes europeos y con mujeres distintivamente fuertes: la fotógrafa, la cantante lesbiana, la hacendada organizadora de tertulias artísticas, la viuda bella y emprendedora (la Rosa Blanca). Conocer estos personajes e imbuirse en un paisaje naturalmente bello y agreste formará parte de la nueva realidad del duque migrante. El nuevo territorio con su bella vastedad y la simpleza de su gente lo van transformando para que al final pueda aceptar su nueva realidad y pueda reinventarse.
La belleza narrativa de Gioconda Belli está cargada de historia real, tanto en contexto histórico en que se desenvuelve la acción de la novela, como en cuanto a la información biográfica que dejó su tatarabuelo escondida en una lata de galletas. La autora se toma el trabajo de recomponer la información obtenida mediante una investigación exhaustiva. El resultado de su afilada pluma literaria es una novela donde el contexto histórico está debidamente dibujado con naturalidad y agilidad, entregándonos una aventura personal creíble y bien contextualizada.
Un aspecto digno de resaltarse es la decisión de la autora de contar la historia en primera persona con una voz masculina. Sentí el hombre que hay en mí, nos dirá la autora. Es admirable la forma de presentar al personaje masculino en todas sus complejidades, sin caer en lo panfletario y en chiclés, teniendo en cuenta que la escritora es una feminista reconocida. Según sus propias palabras, no había otra forma de contar esta historia. Sin embargo, su decisión y la manera como es presentado personaje masculino, no ha estado exenta de críticas y le llaman la atención por presentarnos a un macho de 1847 con una voz interior un tanto feminizada. ¿El macho de 1847 expresa muchas emociones contradictorias y complejas típicas de las mujeres? Para responder a esta pregunta los lectores masculinos deberíamos escuchar nuestra voz interior más frecuentemente y sincerar el procesamiento de nuestras emociones más allá de la estereotípica frase: así piensan o sienten los hombres, así piensan o sienten las mujeres. Una lectura acuciosa de la novela podría ayudarnos en ese proceso.

El duque migrante: reflexión aparte.
Un comentario aparte merece la relación entre memoria-migración. El duque francés es después de todo un migrante que viaja con sus recuerdos y su bagaje cultural. ¿Desaparecen estos recuerdos (fiebres) por el hecho de migrar? No, por el contrario, éstos forman parte de la trama central de la novela (es lo que crea el drama y el conflicto) y son parte de la aventura por reinventarse en otros territorios. La memoria, sin embargo, según la propia Belli, es una construcción (hasta social para algunos migrantes) es la mochila invisible con la que cruzamos la frontera, es el mundo de la ficción personalizada: se exacerban los sabores, los amigos que dejamos se convierten en super amigos, la familia en la panacea de unión y amor, el país (país de mierda, al principio) en el refugio soñado. La memoria del migrante lo distorsiona todo, nos marca, nos convierte en zombis de la nostalgia. La memoria deviene (como lo expresa unos de los personajes de mis cuentos) en “esa cajita obscura que nos arruina la vida”. Nos queda claro que la memoria para el migrante es parte consustancial de su proceso de integración y reinvención a su nueva realidad, nunca desaparece, se convierte en nostalgia permanente, que le hace cantar a gritos “no soy de aquí, no soy de allá” y por más que chillemos, siempre será una mochila inventada. La novela de Gioconda Belli nos permite reflexionar vivamente sobre cómo se manifiesta este fenómeno en la vida particular del duque francés. ¿Nos alcanzará esta reflexión a nosotros de alguna manera? 

(*) Autor de El hotel que la habitaba (Pukiyari 2019) El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas (Pukiyari 2014) disponibled en AMAZON.COM

Esa muerte existe de Jennifer Thorndike

Esa muerte existe de Jennifer Thorndike: Maldad y entorno social

                                                                                                                                                                                                                         (*) Luis Fernández-Zavala. Ph.D. 

            Jennnifer Thorndike es una escritora peruana cuyo talento literario está dando mucho que hablar con solo dos novelas y dos libros de cuentos entre 2007 y 2016. Sus cuentos han sido traducidos al portugués, francés y al inglés y aparecen en diversas antologías. En esta oportunidad queremos comentar su novela Esa muerte existe, (Random House, 2016).Si algo caracteriza  esta novela corta (159 páginas)  es el cuidadoso armado de los detalles tanto gráficos en la carátula, como en el texto mismo, diseñados para encerrar  al lector y no dejarlo salir hasta llegar a conocer la historia perversa de Sofía, su hermana Lucía y su abuelo.  Desde la carátula en negro con un rostro de mujer  con los los ojos vendados, comenzamos a transcurrir página tras página, ,  palabra tras palabra, en el mundo oscuro de una familia disfuncional. El efecto clustrofóbico sobre el lector es contundente.

            El tema en sí mismo de la novela no es nada nuevo: la competencia entre hermanas. Sin embargo, lejos de embarcarnos en una futil trayectoria de anecdotas nimias, la autora, usando todo el poder descriptivo de su pluma y la intensidad de su creatividad, nos adentra en la cavernas de una relación familiar basada en la opresión, dehumanización, la dialéctica de la codependencia y la  humillación en que se ven envueltas las hermanas. No se nos presentan emociones simples, al contrario, la complejidad de la relación entre las hermanas,  transciende sus características individuales, ellas forman una unidad destructiva y necesaria, producto de la historia aberrante de sus padres y de su abuelo. 

La otra muerte 

            Las hermanas son rescatadas del albergue por el abuelo (“el Monstruo”) para evitar que mueran en la desolación en que morirían sus padres en ese mismo lugar. Pero les espera otro tipo de muerte: la que las deshumaniza día a día y las inserta en un sendero oscuro que su abuelo ya había caminado. Sofía, “la Larva”, encarnadará lo todo lo opuesto de lo que el abuelo quiere resaltar perversamente en Lucía: lo bello, lo inteligente, lo sexi, el placer escondido, y hasta tiene un valor de cambio si es que logra alquilarla  a los productores de comerciales y un valor de uso para sus apetitos sexuales. La otra hermana, es la esclava , un objeto subhumano, una larva por ser fea y deforme  que solo tiene valor de uso para servir a su hermana.       El desprecio del abuelo por Sofía es algo que Lucía necesita para reinvindicar su poder sobre su hermana; servir a su hermana es para Sofia una necesidad contradictoria: al servirla ella misma crea una mutua dependencia odio/amor.  

            “…¿Cómo vas sobrevivir tú sola?,le dije. Entonces se calmó y repitió que   necesitabamos estar juntas.Y tenía razón: solo nos teníamos la una a la otra.    Eramos parásitos , yo de su dolor y ella de mi odio”.

            Las hermanas  se necesitan hiriéndose  Pareciera ser que su mantra es: Te necesito para odiarte, te necesito para que me sirvas. Esta situación se hace más evidente cuando Lucía queda ciega por accidente o premeditación de Sofía. 

Poder, soledad   y hombres descompuestos

                        La trama que comienza con el interrogatorio de Sofía acerca de la muerte de su hermana sumerge al lector dentro del mundo solitario y claustrófico de Sofia. Ella está atada a una silla y la interrogan un detective, un psiquiatra, un abogado de oficio  y está presente también un agresivo carcelero. Todos estos hombres cumplen una función dentro del sistema de justicia, pero no dejan de ser hombres maltratadores, abusivos y morbosos que se esconden detras de su función administrativa, para también abusarla y denigrarla. Todos los hombres en la novela aparecen sin rostro o personalidad, no se sabe nada de ellos, son como sombras fantamasgóricas rodeando a la prisonera. Si le añadimos a esto que la autora decide ponernos dentro del asilo, la casa del abuelo, la celda, el cuarto de interrogatorio creando una sensacion de encerramiento total  de la cual el lector dificilmente  puede apartarse  hasta que llegue el final la historia, todos los elementos narrativos están inteligentemente puestos para hacernos sentir la profunda soledad de Sofía. 

            Cabe preguntarse cómo es que logra la autora mantenernos atados a los hilos de las desgracias del mundo bizarro de Sofía. ¿Qué es lo que hace que lo horroso de la vida  de Sofia nos ate hasta el final de la novela? Nos envuelve  nuestra propia perversión voyerista? ¿Nos circunda un álito de esperanza solidario buscando una luz para las desgracias de Sofía? ¿Nos alimenta un rechazo viceral a este tipo de relaciones familares desatrosas que algunas vez nos han tocado vivir? Una novela que escarba esas preguntas en el lector, merece leerse con atención.         

(*) Autor de El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas(Pukiyari, 2014), El hotel que la habitaba(Puriyari, 2019), Disponibles en Amazon.

Los detectives salvajes: Los hijos bastardos del boom latinoamericano

—por Luis Fernández-Zavala (*)—

“El problema con la literatura, como en la vida, dice don Crispín,

es que al final uno siempre termina volviéndose un cabrón.”

Roberto Bolaño (Chile, 1953-2003).

La monumental novela de Roberto Bolaño (Vintage Español, 1988) fue recibida por los medios especializados como una gran obra que mereció el Premio Rómulo Gallegos de novela (obtenido anteriormente por autores de la categoría de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa) y el Premio Herralde de la editorial española Anagrama. El New York Times lo catalogó como “uno de los diez mejores libros del año” en el 2007; el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha abierto una exhibición recontando la vida del autor en España y se habla de Bolaño como el escritor cuya carrera ha llegado a redefinir la estética literaria global (Hector Tobar, Los Angeles Times).

Los detectives salvajes 2Los detectives salvajes no es una obra fácil de leer porque no tiene la estructura lineal a la que ya estamos muy acostumbrados. La trama se desarrolla dentro un largo período de tiempo, entrecruzándose un gran número de personajes y nombres de autores literarios, un tanto difícil de seguir. Empieza en México D.F. (1975-1976) y luego el autor nos lleva a Europa, África e Israel (1996), para volvernos a traer a México, Sonora, en 1976. Por otro lado, para reconstruir los perfiles de Arturo Belano y Ulises Lima, líderes de un minúsculo movimiento literario radical, se nos presentan las recolecciones de 52 personajes, algunos de ellos sin conexión obvia.

En la primera parte, Mexicanos perdidos en México (1975), Bolaño usa el diario de Juan García Madero para introducirnos al ambiente literario de México D.F., a mediados de los años setenta. El joven poeta se relaciona con una serie de personajes marginales del mundo bohemio, tiene sus primeras experiencias sexuales y saborea el placer de ser reconocido como poeta por la mesera de un bar y el ser aceptado como parte de los visceralistas, el grupo de referencia que lo hace sentir ser parte de algo especial y diferente. Para el lector acucioso, México D.F. es Latinoamérica y la experiencia de Juan García Madero y los visceralistas es la de los escritores en búsqueda de un espacio en el ambiente cultural después del boom literario de los años sesenta.

“…a los muchachos pobres no nos queda otro remedio que la vanguardia literaria.”

En la segunda parte del libro, Los detectives salvajes (1976-1996), los líderes del movimiento literario radical, Arturo Belano, Ulises Lima y otros visceralistas, van apareciendo más nítidamente. En este capítulo, un inquisidor invisible, reconstruye la existencia de este movimiento literario efímero y movedizo y la vida marginal e impulsiva de los líderes del visceralismo. Aquí la remembranza de extraños personajes que se mezclan y entrecruzan (libreros, académicos, editores, poetas exitosos, locos, rebeldes literarios, cajeras de supermercado, prostitutas, lúmpenes y bisexuales) son la fuente de información. El mosaico de información —da la impresión de estar viendo un documental— no proviene de la escena oficial, sino de la marginal. Muy pocos conocen la producción de los visceralistas y mucho menos quieren publicar sus trabajos. Bolaño, con el material del primer y segundo capítulo, reconstruye una era, un ambiente cultural a partir de una muy elaborada tela de araña que se expande y vuelve a centrarse, casi inadvertidamente, en los personajes principales.

En tercera parte de la novela, Los desiertos de Sonora (1976), vuelve la voz del joven Juan García Madero para narrar la búsqueda y el encuentro con Cesárea Tinajero, la madre del visceralismo. La aventura de encontrar a la fantasmagórica poetiza de los años treinta es un trabajo de hormiga, paciente y persistente, en un desierto inhóspito, tamizado por el riesgo de ser encontrados y matados por el delincuente dueño de la prostituta Lupe, que los persigue desde el D.F. Lupe a estas alturas es la amante del joven poeta. Otra vez, lo lumpen, se mezcla con el derrotero de movimiento literario. Los poetas no logran conectarse sino superficialmente con la Cesárea Tinajero y su fin trágico, los deja sin conexión con la tradición literaria que ellos buscaban. Si tomamos en cuenta que después de estos episodios, Belano y Lima salen de México (presentados en el capítulo anterior) y que el joven poeta se queda deambulando en Sonora con su amante prostituta, el derrotero del movimiento literario radical es incierto. Los noveles escritores buscarán otros horizontes motivados por sus intereses inmediatos de sobrevivencia, amor y desamor. La búsqueda de un referente literario acaba ahí.

Lo que definirá su producción literaria a partir de ese momento será la búsqueda de Roberto Bolañootros ambientes culturales ligados a su aventura de vivir. Así Europa, no es el destino idealizado donde iban a parar los escritores del boom; para los visceralistas, son lugares en los que se transita, se sobrevive y se escribe. Muchas veces se aprende más de la literatura leyendo a los autores franceses por ejemplo, en América Latina. Cabe señalar que por más radicales literarios que estos jóvenes escritores sean, no son unos improvisados. Tienen y manejan un bagaje literario impresionante como lo demuestra el joven Madero entreteniendo a sus compañeros de aventura con preguntas y respuestas sobre métrica literaria y estructura de la poesía; esto también lo podemos notar en los libros que roban y leen. No son improvisados pero no aceptan encasillamientos: su radicalismo literario los enfrenta al establishment representado por Octavio Paz y Neruda, pero también los enfrenta a los grupos autóctonos y a la izquierda literaria ligada a los movimientos revolucionarios de la época de los sesenta.

“La mafia de los libreros mexicanos no desmerece en nada a la mafia de los literatos mexicanos.”

Al margen de lo autobiográfico, que sería la forma más simple de seguir la trama, Los detectives salvajes representa más bien la ficcionalización de un ambiente, la recreación del espíritu cultural de una época; son los tiempos del post-modernismo donde todo es efímero, nebuloso y marginal y como siempre, los jóvenes escritores quieren inventarlo todo de nuevo. La pregunta que se deriva es: ¿cómo?

Para Bolaños, las vicisitudes de los escritores de su generación no son teóricas o académicas, pero sí “reales”. La necesidad de crear algo nuevo, no son racionales, son vividas por los poetas y escritores de la década del setenta en adelante, respondiendo a un contexto histórico donde no pasa nada importante. Tiene el mismo impulso contestatario del boom, pero quiere desprenderse o, en el mejor de los casos, distanciarse de ese fenómeno cultural. Ya no se trata del drama individual frente a los grandes acontecimientos; ahora se trata de un contexto histórico-cultural donde los escritores reevalúan la tradición literaria, lo establecido y el futuro incierto abierto a corrientes más amplias. En este contexto, las prostitutas, los bares de poca monta, los hoteluchos, las otras preferencias sexuales, los juegos de alianzas individuales, la satisfacción de deseos inmediatos y personales en el mundo subterráneo de la gran ciudad, sin muchas reglas (Latinoamérica), definen las tramas, estilos literarios y la vida de los escritores. Por eso lo nebuloso de los visceralistas (o infrarrealistas, o nuevos escritores), por eso aparecen y desaparecen, escriben y dejan de escribir, viajan y regresan, para devenir en otra cosa. ¿Qué cosa? Para devenir en el producto condensado en Los detectives salvajes, una novela diferente y multidimensional que abre las compuertas de lo ya establecido.

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(*) Luis Fernández-Zavala, Ph.D. Autor de la colección de cuentos: El guerrero de la espuma y la otras tantas despedidas, reside en Santa Fe, NM – luferza@gmail.com

50 sombras de Grey

Cincuenta sombras de Grey – ficción, erotismo y banalidad

There is no pornography without secrecy. D.H. Lawrence

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D.H. Lawrence

Recientemente, visitando la ciudad de Crozon, situada en una enorme y silenciosa bahía al norte de Francia, en la región Bretona, me encontré con la novedad de que más de uno de mis anfitriones comentaba con vehemencia el éxito comercial global de Cincuenta sombras de Greyde la autora inglesa E.L. James. “Es una novela erótica sobre sado-masoquismo, escrita por una mujer para las mujeres”, me dijeron. “¡Es un éxito!”, corearon varios. Viniendo los comentarios de franceses que deberían conocer el impacto cultural y literario de las obras de ficción sexual de mujeres como Pauline Rèage (Histoire d’O, 1954), Jean de Berg (L’image, 1956), y Anaïs Nin (Little Birds, 1974), presté atención, confesé mi ignorancia y pedí referencias.

Cuarenta millones de ejemplares vendidos en el mundo. Es el libro de venta más rápida en su versión económica impresa y el más vendido en su versión digital en Kindle (cerca del millón). Las ventas han sobrepasado las expectativas de la editora Random House motivando la asignación de un bono de cinco mil dólares a cada trabajador. Ha sido traducido a treinta y un idiomas, incluido el castellano, croata, japonés y el finlandés. En las redes sociales, como facebook, las mujeres siguen los avatares amorosos de los personajes y expresan sus preferencias sobre los posibles actores y actrices para la versión fílmica. Se vende t-shirts con textos alusivos al sado-masoquismo (“relájate y obedece”), se vende ropa interior alusiva al libro. Desde septiembre de este año se puede adquirir el disco compacto con la música clásica mencionada en el libro. Plomo (grey) es el color recomendado para decorar no sólo el dormitorio, sino toda la casa. Incluso se sospecha que el incremento de las ventas de sogas en algunas ciudades de los Estados Unidos es debido a este libro. En pocas palabras, 50 sombras… se ha convertido, en muy poco tiempo y con la rapidez que el mundo digital lo permite, en un fenómeno cultural y de mercado excepcional. “¡Felicitaciones a la autora! ¡Bien hecho!”, les dije.

En los días siguientes, puede ver el libro en el  escaparate de la única librería del pacífico pueblito de Crozon. Posteriormente, siguiendo mi periplo francés, encontré el libro en las librerías de ciudades más grandes y cosmopolitas como Tours, Nantes y París y hasta en una obscura librería en la estación de tren de Quimper.

Si bien no estaba en mi lista inmediata de lecturas, tanta algarabía me despertó la curiosidad y bajé la novela a mi Kindle. Después de todo –pensé– sería una buena lectura para mejorar las condiciones de mi vuelo de nueve horas de regreso a los Estados Unidos y relajarme ante la presencia amenazadora de la tormenta Sandy.

Durante el vuelo, me enteré que Sandy no sería problema. Ya había arrasado New York  y se alejaba de mi puerto de entrada, Washington D. C. Me quedaba entretenerme con 50 sombras…, ya sin otra tensión que arreglar mi largo cuerpo a la estrechez de mi silleta de vuelo por nueve horas. Sin embargo, por más que me esforzaba por avanzar en la línea narrativa de la obra de E.L. James y habiendo agotado 60% de ésta, el aburrimiento me alargaba las horas de vuelo miserablemente. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso estaba muy cansado para entenderla? ¿O quizá, mi genero de varón me impedía acceder al erotismo prometido?.

No, me dije. Lo que pasa es que este libro ni es erótico, ni es buena literatura. Entonces, ¿cuál es la explicación  de su éxito comercial global, mayormente entre las mujeres?

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E. L. James

La autora describe su trabajo  como “romances provocativos” y “romances para adultos”. Lo que ofrece es la búsqueda del amor, coqueteo y sexo. Eso es romance para adultos. Pero los críticos literarios han sido un poco más virulentos. Su trabajo ha sido llamado “porno para amas de casa”, “porno para las mamás” (aunque mi hijo de catorce años lo tildó de “porno para las abuelitas”), y “Barbie porno”. The Guardian señala que el libro ni siquiera llegó a estar entre los finalistas del Bad Sex Award 2012 debido a que no cumple con el primer requisito para ser considerado: ser una obra literaria. El jurado no toma en cuenta pornografía u obras eróticas.

Otros críticos (Jessica Reaves del Chicago Tribune) van más al detalle y consideran que el tema en sí no descalifica al libro, porque hay varios ejemplos de obras de ficción sexual con calidad literaria escritas por mujeres. El problema es la calidad de lo escrito. En este sentido, se critica la pobre presentación estereotipada de los personajes, su relación poco creíble, el desarrollo de la acción obvia y predecible, diálogos bobos, lo repetitivo en la descripción de la excitación sexual, ausencia de imágenes, el uso de metáforas dignas de niños de primaria y por último, la ausencia de drama y la tacañería en la construcción de frases dignas de recordarse.

En las secuencias de la relación entre los dos personajes principales (Anastasia y Christian) todo es externo, bonito, aburridamente presentado de color rosa, pero un poquito más picante para venderse en los supermercados.

El argumento de la obra podría resumirse así: chica educada, virgen a los 21 años –en contra de las estadísticas sobre la sexualidad juvenil en los Estados Unidos e Inglaterra[1]– con un ego disminuido, encuentra al príncipe azul (o grey, plomo[2]). Al príncipe le gusta hacer sentir que él es príncipe: “No me toques”, “te vienes cuando yo quiera”, “te vistes como yo quiera”, “tú eres mía, yo no soy tuyo”, “me gusta controlar”. A la moderna Cenicienta le gusta y se sorprende de la sexualidad de Christian, pero quiere “algo más”. El paradigma (o construcción social) usado es que en una relación heterosexual, la mujer busca amor y compromiso, mientras el hombre busca sexo (en el caso de Christian, sexo kinky).

La doncella que a los 21 años todavía es virgen sexual y orgásmica, hace de Anastasia una chica post-moderna especial. Se siente en desventaja con respecto al resto de sus congéneres. Ella no se siente sexi como Kate, su compañera de habitación. Para acceder al placer de mujer adulta que quiere dar placer, ser deseada y recibir placer tiene que firmar un contrato. Aquí la autora malgasta su tiempo –y del lector– con los detalles del contrato, que es el recurso para hacer “legal” el acto de sumisión (¿réplica del compromiso matrimonial?), admisible, respetable y seguro. El resto de la historia es darle relleno moderno y decorativo a una relación entre estereotipos sacados de una revista de SM para ser presentada a las girl scouts.

Para pintarla como una mujer joven de nuestros tiempos, no es casual que Anastasia escriba correos electrónicos coquetos (el general Petraeus y su amante saben de este poderoso instrumento de calentamiento a distancia; los sex-texting es una manía generalizada entre los jóvenes del siglo XXI). Ella usa su MacBook (“cacharro infernal”), su IPod, escucha música de Britney Spears, pone especial atención a la marca del carro, a la alfombra cara, a la calidad de la ropa de su príncipe (“me ha dejado uno de sus boxers de algodón, de Ralph Lauren, nada menos.”) y a los vinos caros que el galán le ofrece con displicencia seductora. Ella es la Cenicienta moderna.

Christian Grey, el príncipe plomo, es la imagen del novio de la Barbie. Ken es el muñeco inalcanzable, frío, distante y robótico creado por Mattel Inc. y que las mujercitas ahora adultas, todavía sueñan en 50 sombras… Esta imagen del novio ideal ha sido globalizada y se puede encontrar en todas partes el mundo y se ha ido reciclando según el ambiente cultural desde su introducción en 1961. Por ejemplo, en 2011 se lanzó una versión de Ken para adultos coleccionistas. Los muñecos de Mattel tienen vida propia. Ken y Barbie tienen desencuentros amorosos como cualquier otra pareja. Se separan, se juntan, él no quiere casarse. En la versión de E.L. James, Ken-plomo le gusta darle nalgadas a su amante y no quiere comprometerse más allá de su contrato de gustitos sexuales.

La autora recurre a la “diosa que llevo adentro”, como la voz de la conciencia y lo formal de Anastasia que le hace llamados de atención ante su comportamiento ambivalente. Esta diosa, un ícono presumiblemente usado para crear drama, no logra alcanzar ese nivel. Es  unilineal, aparece y desaparece convenientemente. No le crea conflicto mas allá de “yo te lo dije”, tal cual su madre se lo diría, o salta llena de alegría pueril cuando Anastasia se apunta un gol efímero en sus coqueteos con Christian. Pero el lector no sabe nunca que arquetipo de diosa está dentro de Anastasia: ¿Afrodita, Hermis, Athena…? ¿Una combinación de todas? Esta voz interior es más bien la imagen del genio de la botella o el hada madrina en la versión de Walt Disney.

El éxito de 50 sombras… radica en usar imágenes ya conocidas e interiorizadas por las mujeres actuales para hacerlas entrar en el sado-masoquismo de salón. Ese que hace que los asuntos en la cama sean un poquito más interesantes. La señora E.L James no quiere escandalizar a nadie, sólo utilizar los íconos aceptados y pintarlos modernamente con un tenue barniz bizarro, pero aceptable y presumiblemente de buen gusto. Después de todo, a qué mujer no le gustaría un poquito de sal y pimienta durante el sexo que les permita tener orgasmos más frecuentes.

Su obra no pretende buscar el camino de la transgresión que sigue “O” (cuánto de mí voy a negar, para arribar a un estado casi místico de entrega al otro) sino contar un cuento de hadas con el cual se identifique la mujer promedio sobre la base de fantasías pueblerinas retrogradas: ¿A qué chica no le gustaría tener un novio millonario, educado, bonito, bien dotado, físicamente perfecto, bien vestido, que le dé regalos caros? ¿Qué chica joven no le hubiera gustado tener orgasmos en su primer acto sexual?[3] ¿Qué chica de cualquier parte del mundo no sueña con tener una cita y ser transportada en helicóptero (o unicornio)?

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Quizá el mérito de este libro sirve para probar que sofisticadas técnicas de marketing(la autora se desempeña como ejecutiva de televisión) desde su concepción hasta su venta en una trilogía, funcionan. Parte de este proceso es hacerlo asequible en su versión digital. Ahora la novelita romántica y un poco kinky, puede leerse con privacidad necesaria. Esto, según algunos comentaristas, ha ayudado al público femenino, al cual estarían catalogando de cucufato, a leer “romances para adultos” sin que nadie se entere de que son personas sexuales. Darle a las audiencias femeninas poco sofisticadas –el gran mercado– lo que quieren leer, es el mérito de este libro. Pero esto no la convierte en una obra de ficción de calidad (nunca fue su objetivo), ni una obra de ficción sexual que cumpla su cometido. Basta aquí recordar que Anaïs Nin, fue parte de un grupo de poetas que se dedicó a escribir erotismo por necesidad, pero que su obra ha ido más allá del tema y de su venta, para quedar como una obra literaria de calidad. Por más que el lector lo intente, no podrá encontrar ninguna frase amigablemente literaria digna de recordase en 50 sombras.

Anaïs Nin podrá decir: “The little clitoris stiffens like a nipple. My head between her two legs is caught in the most delicious vise of silky, salty flesh”.

E.L. James dirá: “Cogiéndome por la parte superior de ambos muslos, me separa las piernas. Gruño con fuerza al notar que su lengua me acaricia el clítoris. Dios…”.

Si la función de la ficción es reinventar la realidad –mentir, como lo llamaría Mario Vargas Llosa–, la ficción de la señora James es poco creíble. En la ficción, la verdad de los hechos se transforma pero siempre hay un referente que el lector puede identificar en la vida real. Es puente por el cual transita la dicotomía realidad/ficción y donde la literatura ejerce su hechizo. En 50 sombras… no hay ese referente básico. La realidad sin ficción de la que se parte es ya una mentira a secas. Esto debido a que sus personajes son modelos mediáticos y de escaparate, arlequines ya mentirosos, antes de ser ficcionales. Siguiendo a MVLL sobre la relación ficción-verdad: “toda buena novela dice la verdad y toda mala novela miente”.

Para llegar  a ser una obra de ficción sexual, la novela tendría que haber entrado en el otro lado de la sexualidad: aquel en que parece lo prohibido, lo misterioso, lo transgresor, la búsqueda del placer en circunstancias catalogadas anormales pero muy íntimas y sin mencionar repetidamente que lo que está sintiendo la protagonista es “erótico”. Al no estimular la imaginación intuitiva del lector cuando se presenta la descripción de lo estrictamente sexual, no hay espacio para la asimilación imaginada de texturas, insinuaciones, colores, la exacerbación de otros sentidos. Todo se queda a nivel fotográfico y voyerista.

Las relaciones de poder que sí se dan en la tranquilidad del dormitorio de las parejas, aquí se dan desde la perspectiva de un modo de vida del protagonista. Pero él no es transgresor, él sigue mandando en la cama tal y como manda a sus empleados de exitoso imperio comercial. Ken-plomo, no puede dejar de jugar su papel de niño rico. Al contrario de la Historia de “O”, donde la presencia masculina es fuerte por las demandas y etérea en su historia personal, casi fantasmal, 50 sombras… pone al centro al príncipe plomo y sus caprichos.

Hubiera sido más interesante para el lector, que con todo el poder que le da el dinero, Christian hubiese devenido en un cross dresser y así crear un conflicto. Un drama de varios mundos encontrados frente a los cuales la heroína tiene que definir su amor y atracción sexual.

Hay otros alcances dignos de resaltar en esta trilogía. El primero es obvio: dada la permisividad sexual de nuestros tiempos, quizá ahora se pueda intentar algo más en la privacidad del dormitorio de las parejas al presentarse el sado-masoquismo como juego sexual sin un carácter subterráneo. Por último, desde Octubre de este año se puede adquirir la música exquisita que la autora presenta en la novela. Sin embargo, como podemos notar, ambos logros, no son literarios.

*Luis Fernandez Zavala, Ph.D. vive en Santa Fe, New Mexico. Acaba de terminar su primer libro de historias cortas, El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas. luferza@gmail.com

[1] En USA, según el Centre for Decease Control and Prevention, 76 % de las mujeres entre 17-18 tienen sexo; el porcentaje es mayor en el grupo de 20 a 24 años (81 %). El grupo de edad de Anastasia. En Europa, Inglaterra tiene el porcentaje más alto de actividad sexual (40 %) del grupo femenino quinceañero.

[2]“Plomo” como  llamarían en Perú a alguien que es pesado y aburrido por lo perfecto que es.

[3]  Mientras que 75 %  de los hombres  siempre alcanzan el orgasmo, sólo 29 % de las mujeres lo obtienen durante el coito. Esto en circunstancias normales y no estresantes como la desvirginación. National Health and Social Life Survey. 

 

 

 

La conquista del aire

gopegui¿SE PUEDE CONQUISTAR EL AIRE?

 

Luis Fernández-Zavala Ph.D. (*)

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La autora española Belén Gopegui en su novela La conquista del aire(Anagrama 1998) en una novela bastante ambiciosa,nos invita  a explorar la respuesta  a la pregunta de cuánta libertad tiene la pequeña-burguesía para hacerse dueña de sus propios destinos.878381cb854ac3575bc1081fb3baa69f2879fd81

A través de una trama simple (las reacciones de tres amigos frente al pedido de un prestamo monetario de uno de ellos), una retórica muy su generis llena de matices internos que demuestra un fineza en el manejo de las emociones  y una  estructura narrativa  en la que los tiempos y espacios de los tres principales personajes se presentan simultaneamente, la narradora quiere“mostrar algunos mecanismos que empañan la hipotética libertad del individuo”.

En el prólogo, Gopegui nos hace una invitación muy personal a seguirla en la exploración de una respuesta a la pregunta planteada y  para que no halla dudas  de su misión  nos dice: “el narrador quiere saber y por eso narra”. La pregunta que podría ser propia de un estudio sociológico es respondida por Gopegui desde la ficción. He aquí la magia y complejidad de Gopegui que ningún estudio sociológico puede reemplazar: dar vida a los personajes desde adentro, desde su manera de pensar y actuar y de esta forma, dar cuenta de una serie de matices y tonalidades que definen la vida misma y que los conceptos no pueden lograrlo por su abstración y generalidad.

Se podría decir que la ficción de Gopegui, permite hacer hablar, sentir y vivir a los  conceptos subyacentes. Sin embargo, gracias al uso de variados recursos literarios entre los que destacan imagenes de exquisita y concise elaboración, una narrativa no panfletaria,  ausencia de sintementalismo fácil y la tendencia  a no dictar  un salida categórica sobre el drama de los personajes, es que podemos explorar la vida. Ella misma afirma en artículo sobre literatura y política (2005) que la literatura está “hecha para contar la vida”. Esa vida, sin embargo, sucede en contextos históricos y coyunturas específicas y afecta a sus personajes, aún en contra de su voluntad.

A diferencia de otras novelas, en las que el lector tiene que preguntarse al final de la lecura, por el objetivo de la obra, Gopegui explicita su objetivo desde el principio. Le queda al lector atento, evaluar si la autora logra o no el objetivo planteado. Esta forma de aproximarse al lector, meterlo directamente en un proceso de exploración conjunta  se asemeja a los llamados que se dan en el teatro invitando a los expectadores a descender de su asientos y entrar en la vida de los personajes. Desde el primer momento  el narrador, como un maestro titiretero, se mete en la cabeza de sus personajes y nos los presenta viviendo sus contradicciones. A través de la voz del narrador sabemos lo que piensan de sí mismos, de los otros personajes, su conflictos y quimeras individuales.

El contexto histórico de España de los años 90, lo aprendemos de boca de los protagonistas:  ausencia de partidos de izquierda, onegés en accinó, la juventud todavía contestaria, desempleo, globalización, caos e inseguridad. Sin embargo, la autora omite eficientemente una contextualización detallista que podría haber hecho que los alcances de su exploración se encasille en una anedocta bien contada. En este sentido su exploración transciente la España de los 90 y se hace más universal. No obstante, dado la densidad de las aseveraciones, la novela no pretende llegar a un masivo séquito de lectores, pero si  a un público educado: la clase media lectora a la que pueda significarle algo vivencial la exploración planteada o aquellos que desde la intelectualidad  pretendan clasificar la obra ya que les será imposible obviarla por la riqueza de su contenidos referentes  al amor, la amistad, la función social de los individuos y sus procesos de busqueda de sentido a la vida.

¿Es el aire la metáfora adecuada sobre la libertad individual?

El aire que respiramos todos (aun que se haye contaminado por la irracionalidad capitalista) no es una mercancía. Todos tenemos acceso a este vital elemento de la existencia humana sin entrar en relaciones de intercambio (mercado). Sin embargo, pareciera ser que el sistema capitalista, unos tienen más “aire” que otros. La pequeña-burguesía gracias a su acceso a la educación y a las profesiones tiene más espacio (más aire) para tomar decisiones sobre sus proyectos personales que los sectores sociales proletetarizados.  Por otro lado, su inserción en el mercado laboral es contradictoria y le crea una  “falta de aire” como representación de la angustias personales de los personajes. La conquista del aire (la libertad individual  y/o iliminación de la angustia) es una lucha invisible, etérea, omnipresente, conflictiva, hasta a veces una ficción mas.

Elegir y decidir no son la misma cosa.

La pequeña-burguesía decide cotiadiamente frente a opciones ya dadas: lo que ofrece el mercado en términos de trabajo y modos de vida. Pero no puede elegir un vida diferente basada en sus principios. Ninguno puede controlar los fines de lo que hacen. Aquí vale la pena mencionar a Santiago, uno los personajes, que  decide especializarse en la obra de Mendeville, un filosofo del siglo XVIII, que postulaba que lo que hace progresar a la sociedad son los intereses individuales. Al introducirnos la autora, casi de costado, a los argumentos de Mendeville, que ninguno de los protagonistas custiona (lo que no lleva a pensar que esto planteamientos son innerentes a la ideología pequeño burguesa) , nos deja abierta la reflexión sobre que es lo que motiva las dudas, angustias y acciones de nuestros tres amigos. ¿Es el  motor de su accionar  el paradigma ideológico de izquierda socializante en el cual estuvieron inmersos en la universidad o es la busqueda de la felicidad vía la satisfaccion de sus intereses individuales (mezquinos, tal como lo pondría un teórico del marxismo). Estos son los parámetros de la contradicción y del drama de la pequeña-burguesía dentro los cuales los tres amigos actuan y se reacionan entre sí.

Para los tres amigos, los valores alternativos de solidaridad, racionalidad y causa común son algo aprendido y asimilado en circunstancias en las cuales ellos no estaban insertos en el proceso social de intercambio.  Cuando les toca insertarse en el mercado, el grupo de referencia se desbanda, los individuos van perdiendo la brújula y los valores adquiridos comienzan a corroerse. Para los otros miembros de su entorno que no asimilaron estos valores o que hallaron una justificación no contradictoria, la vida es más simple.

Santiago dirá:“Cuando conoces a alguien tanto tiempo, es un punto de referencia y,  si lo pierdes cuesta bastante orientarse”. Esta cita se puede aplicar a la amistad, a una relación amorosa de largo aliento, o la sociedad. En el caso de esta última, se da en la fusión de amistad y de valores compartidos. Cuando éstos se distancian del sujeto, éste se siente perdido, solo. El proceso de inserción en el mercado les ha cambiado el punto de referencia, aunque aún mantegan criterios y valoraciones previas encarnizados en sus amistades de antaño. Por eso todavía perdura en ellos una conciencia crítica (“Se supone que si seguimos con quebraderos de cabeza ideológicos es porque todavía no nos hemos resignado.”) , pero los otros elementos ideológicos del sistema producto de su nueva práctica social, los va minando o por lo menos, los conflictua y son parte de su insastisfacción, soledad y  angustias.

¿Por qué y cómo se angustian? 

Sus angustias se derivan de la busqueda de la adecuada respuesta ética-racional  ante el préstamo del dinero y ante la realización de sus proyectos personales que no pueden controlar.   Una solidaridad amical surgida en sus años de la “inocencia heroica” (palabras mías) , donde discutían de todo y buscaban dar respuestas a lo irracional del sistema y suponemos, también ligada al activismo político, se enfrenta a una situación diferente: todos ellos tienen proyectos personales aislados – la comunidad de intereses ha desaparecido – y ya están insertos dentro de la complejidad del mercado y sin una praxis política. Su conciencia crítica no tiene asidero en su práctica social. El dinero del préstamo es sólo un instrumento para para desenredar el manojo encarnizado  de relaciones sociales, económicas e ideológicas en la que se hayan. El dinero no es la esencia, dirá Gopegui en el prólogo. Es la manifestacion más obvia del sistema. Son las funciones sociales y económicas capitalistas hegemónicas  las que “se anidan en la conciencia moral del sujeto”.

Los tres amigos

Carlos Maceda es el que pide el dinero para enfrentar la crisis de su empresa Jard. Tiene un un hijo menor que apenas aparece en la trama para mostrar que es un padre amoroso; su esposa Ainhoa tiene su propio proyecto: aspira a ser médica. Son muchos los momentos de silencio entre ellos.  Ainhoa no se siente parte de su proyecto-utopía  de construir una empresa en la cual todos sus integrantes se beneficien: una comunidad económica sin explotadores y explotados. Es más, la vehemencia de Carlos  en torno  a su proyecto los va separando. De los tres amigos, Carlos es el hombre de acción, el sí tiene un proyecto claro.  Se siente incómodo ante la imposición hecha a sus amigos.

Desde su empresa intentaría preservar un recinto civilizado en la selva del capital”.

Santiago Álvarez  es profesor de historia moderna  en la universidad. Ha aceptado su rol como profesor investigador sin ninguna vehemencia. Se siente el más alejado de las urgencia del dinero y protegido del sistema dominante. El que Carlos le haya pedido dinero lo pone a la altura de sus amigos. Le gusta no ser más acomodado. No quiere entrar en el juego del arribismo. Èl es el escapista del grupo.

“…Le gustaba que Carlos le hubiera pedido dinero . Porque significaba que el era un igual, que era como Marta, alguien nacido de pie, alguien que aunque perdiera cuatro millones seguiría viviendo del mismo modo pues ya había consolidado su posición, había salido, como decía su madre, adelante”.

Tiene sus dudas si presto el dinero por la amistad o para estar a la altura de Marta. Deja a su amante Sol y se casa con una mujer de mejor posición socio-económica y de a pocos va poniéndose a la altura de Marta, vistiendo mejor.

Marta Timoner es la que menos urgencia tiene de dinero. Proviene de una familia acomodada. No tiene un relación fluída con su pareja (Guillermo)quien propone una vida en común a màs largo plazo (eso es lo que significa la compra de la vieja casa). Marta quiere su compañía pero su diletantismo es obvio. No es reconocida profesionalmente en el Ministerio de Transportes donde hace alianzas con su primer jefe para sacar proyectos interesantes de servicio público. El eficientismo no es neutro. (“…Ella solo podía hablar de medidas eficaces y no de medidas buenas. Los fines los fijaban otros”) Es vista como mujer y no como profesional por su segundo jefe, no tiene control de lo que se hace o no se hace en el Ministerio, su contrato esta siempre pendiente. No tiene seguridad en el trabajo ni en su relación amorosa. Sin embargo, puede arreglarselas como consultora internacional y puede esconder su soledad en el trabajo. Marta quiere tener más control en su vida profesional y amorosa.

Ella quería pertenecer al contigente de personas que concebían un destino distinto del destino un poco mezquino, un poco satisfecho, bastante entretenido  de cualquier miembro bien situado de la clase media”.

Los tres amigos tiene una  relación diferenciada con el dinero, pero todos lo necesitan de una u otra manera. Este es origen de las contradiciones: uno lo necesita para mantener una  empresa funcionando en un sistema de explotación , monopolio y competencia; otro lo maneja en función de no consumir demasiado y protegerese del sistema,  en tanto que, finalmente, Marta el dinero lo necesita para poder tener más control en su vida.

Si al comienzo de la novela y durante el desarrollo de la trama, el insomnio atormentaba a los  tres personajes, al final de la novela, ellos logran dormir, cansados de sus contradicciones en “un mundo  ordenado en apariencia”.El lector tendrá que caminar muy de cerca  a través de las inter-subjetividades de los tres amigos para aprender qué les hizo recuperar el sueño.

* Autor de El guerro de  la espuma y otras tantas despedidas (Pukiyari 2014). En Amazon.com y Peru E-books. Continue reading “La conquista del aire”