La Perricholi. Reina de Lima de Alosonso Cueto

El escritor no trata de entender asus personajes. Los siente y los acompaña.

A. Cueto, La piel de un escritor (Fondo de Cultura Económica, 2014)

El autor peruano Alonso Cueto, miembro de la Academia Peruana de la Lengua, ha publicado  catorce novelas desde 1995 hasta el 2019. Es especialmente conocido por títulos como El tigre blanco(Editorial Planeta 1985), La hora azul(Anagrama 2007) -a la cual le hicimos una reseña para este blog-, El susurro de la mujer ballena(Editorial Planeta 2007), Grandes miradas(Anagrama 2008)  -que fue llevada al cine con el título de Mariposa Negra.  A lo largo de su carrera literaria ha recibido  varios premios entre los que destacan: premio Wiracocha 1985,Anna Seghers 2000,el Premio Herralde2005 y Alcobendas Juan Goytisolo 2019.

            Alonso Cueto acaba de publicar La Perricholi. Reina de Lima(Random House 2019, 443 pp.), después de un arduo trabajo de investigación y elaboración que le demoró ocho años. Resalta en la producción de esta voluminosa obra una carátula realmente atrayente con el diseño gráfico de una  tapada  limeña con grandes e enigmáticos ojos que nos sugieren misterio, intensidad y sensualidad. El texto ágil, simple y sin trabas en base a fragmentos de mediana y corta extensión,  permite al lector transcurrir fácilmente por el entramado mundo colonial limeño de finales del siglo XVIII y la vida azarosa e intensa de Micaela Villegas, la Pericholi. 

“A los diciocho años, el cuerpo de Micaela se había perfilado en una escultura pequeña y precisa. Aun cuando no era alta, su espalda recta la hacía parecer siempre por encima del mundo. Tenía ojos atentos y sensibles, de una oscuridad fulgurante, capaces de registrar el menor movimiento y de procesarlo rápidamente de acuerdo a sus deseos y necesidades”.

            La acción es narrada en tercera persona con una voz que se torna lírica a momentos, especialmente en el epílogo. Llama la atención un recurso literario usado por el autor, quizá con la intención de añadir intimidad al texto, al mezclar la voz de los personajes con  la voz del narrador. Esto que puede causar confusión al principio, donde normalmente se podría esperar un diálogo precedido o seguido de un comentario, no altera la fluidez del texto una vez que el lector recapacita inicialmente sobre este recurso estilístico para descernir sobre quién está hablando y en qué contexto.

Historia y biografía        

            Escribir sobre  Micaela Villegas (la Perricholi, la pequeña joya o la perra chola) será siempre especial y difícil porque hay mucho de mito en el imaginario popular y escasas fuentes ducumentales. El desafío que enfrenta un trabajo de ficción de esta naturaleza es doble: por un lado, presentar el contexto histórico sin exagerar en los detalles  (imagino la inmensa cantidad de información procesada) y  por otro lado, presentar la personalidad específica de los personajes  actuando dentro de este contexto histórico, sin caer en lo obvio o trivial. Recuérdese que el escritor de ficción no reemplaza al historiador, ni al periodista y que su función está más bien ligada a la creación de pinceladas de emociones. 

            El autor resuelve este desafío presentando toda la vida social colonial concentrada en los paseos y alagarabías al rededor  de la plaza mayor de Lima: carruajes, esclavos, vendedores de chicha y verduras, exhibición de joyas y vestidos se mezclan, con el sonido de las campanas,  con los olores de comida, frutas y vegetales,  las acequias y los desagues. Olores y sonidos son presentados y repetidos a lo largo de la novela para dar cuenta del barullo del ambiente colonial. El sonido de las alhajas de los señoronas por ejemplo,  muestra lo superficial y estratificado de la sociedad colonial: cuanto más ruido puedan hacer con las joyas, mejor alcurnia se puede proyectar.  Frente a este despligue sonoro y oloroso, Cueto impone el ruido de los pasos firmes y apurados de la Perricholi[1].

            Ella es una mujer diferente  que no es aceptada socialmente por la élite colonial porque no ser peninsular, sino criolla, porque  ella trabajaba (cosa inusual para las señoronas de la colonia), primero como artista de teatro y luego como una suerte de empresaria, dueña de un molino y de una sala de teatro, y porque, he aquí el  gran pecado social que altera la tranquilidad de la sociedad limeña, se había convertido a sus diciocho años en la amante oficial y pública del virrey sesentón, con el que tiene un hijo. La novela no entra en los detalles íntimos de la relación, más alla de la atracción mutua, donde una persona pone la juventud y la otra el status-poder. Pero para ambos, pareciera decirnos el autor, las reglas del juego estaban claras por lo tanto, no hay víctimas en esta relación asimétrica. Si la relación era por conveniencia material o sexual o si ambos estaban juntando soledades, o si Micaela buscaba al padre que perdió desde muy niña, o si por último, su relación fue producto de todo estos y otros factores, nunca lo sabrémos porque el autor no entra a fantasiar en esta íntima dimensión personal. El camino que toma Cueto es menos arrriesgado literariamente, presentándonos a una Perricholi rompiendo pesadas reglas sociales, pensando en su propio interés y actuando su odio/amor por esa misma sociedad que la condena y discrimina.  

Entraba en esas calles cargadas de perfumes y pregones, de sonidos de mulas y ruedas, de olores pestilentes y trajes luminosos y de religiosos acorazados por el hábito negro y blanco, avanzando hilos curvados de humo…Fiestas y silencios , perfumes y pestilencia, el arco iris y las sombras: Lima”.

            Se podría decir que el autor opera en su narrativa como un videógrafo de la calle donde ocurre mucha de la acción y reacción de la sociedad colonial: la novedad de los nuevos cafes, la asistencia al teatro, el mercado, la iglesia como centro social, etc. Es en estos lugares en que podemos descubrir a Micaela actuando en una sociedad altamente estratíficada y cerrada.

El mundo colonial estaba cambiando y Micaela también

            Cueto da cuenta de la atmósfera de cambio – aunque tenue – que se vivía a finales del siglo XVIII en el virreinato,  donde ya venían  apareciendo, sobre todo en Lima, las nuevas ideas políticas francesas que la administración colonial veía como peligrosas.  La actitud de Micaela se engarza fácilmente con estas tendencias dado su espíritu libre, el ambiente bohemio en que se movía y su identificación con el territorio en el cual había nacido. La forma que el autor presenta estos cambios emergentes son más que nada simbólicas, introduciendo la presencia del científicos e intelectuales dentro de los círculos sociales de Micalea. En una sociedad tan miníscula y claustrofóbica, intelectuales, artistas bohemios y científicos bien podrían haber frecuentado el Corral de Comedias o podría ser que algunos de estos hombres con nuevas ideas hayan recalado en una de las tertulias que que amenudo se daban en la casona de Micalea. Por jemplo, Hipólito Unanue, fundador del Mercurio Peruano, y prócer de la Independencia, genera en Micaela una especial atracción. Las pocas páginas  que el autor le dedica a estos deseos no concretados de Micaela, pretende poner a Micaela como una mujer abierta a las nuevas ideas políticas. Otra escena escena similar se presenta con la visita que hace Micaela al independentista prisionero Francisco de Zela. (“…Nunca había un rostro tan altivo…Se sintió atraído por él y trató de desimularlo moviendo el abanico”.)  Micaela sensualiza su atracción por los hombres que encarnan una visión de cambio. 

            Para corroborar esta atracción liberal, Cueto nos cuenta que su hijo Manuelito (hijo del virrey Manuel de Amat y Junyen Planella Aymerich y Santa Pau) años después, sería uno  los signatarios del Acta de Independencia. Es comprensible que dada la influencia de Micaela sobre su hijo, las ideas independentistas podrían haber germinado en él dentro del hogar de Micaela. Para añadirle dramatismo y mostrar la influencia materna, Cueto nos cuenta que el otro hijo que el virrey Amat tuvo con una señorona, fue el que fusiló al héroe y poeta independentista Mariano Melgar. Dos hijos ilegítimos, dos diferentes madres, dos opciones políticas diametralmente opuestas.  

            La novela está bien llevada si nos atenemos a lo que el autor pretendía desde el principio: seguir, caminar junto con Micaela, sin tratar de explicarla. El lector se va a enamorar del personaje pero no aprenderá mucho de la convulsión de sus conflictos internos, pero sí quedará claro que ella sabía lo que quería, y que lo consiguió.     


[1]El autor comete el desliz de referirse al HUAYRURO, como “piedra”, cuando sabemos que es una semilla. Éste formaba parte del vestuario de Micaela, según el autor. 

El HOTEL QUE LA HABITABA. Cuentos transhumantes.(*)

Bitacora del Arcipreste

Las buenas mentiras de la ficción de Luis Fernández-Zavala

“La ficción literaria es una buena mentirabien contada en el papel”.

-Luis Fernández-Zavala

El autor peruanoLuis Fernández-Zavalanos entrega su segunda colección de cuentos cortos (“un poquito más largos”, según él) bajo el títuloEl hotel que la habitaba. Cuentos transhumantes (Pukiyari 2019).Seis historias cuyas trama nos llevaban a un periblo vehemente hacia Lima, el norte de Francia y el norte de New Mexico en contextos históricos diferentes: la Lima de los años setenta, de los años noventa y la actual, y New Mexico en 1917 y 1944. De ahí el añadido deCuentos transhumantesal título del libroponiendo así el énfasis en lo errante, lo peregrino y nómada de sus historias, tanto en lo geográfico como en el tiempo.

El autorsedimentó su trabajo literario en la “ciudad diferente”de Santa Fe, New Mexico;desde allí, élvive su dualidad de migrante-escritor…

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El HOTEL QUE LA HABITABA. Cuentos transhumantes.(*)

Las buenas mentiras de la ficción de Luis Fernández-Zavala

                              “La ficción literaria es una buena mentira                                                                             bien contada en el papel”.

                                                                        -Luis Fernández-Zavala

            El autor peruanoLuis Fernández-Zavala  nos entrega su segunda colección de cuentos cortos (“un poquito más largos”, según él) bajo el título El hotel que la habitaba. Cuentos transhumantes (Pukiyari 2019). Seis historias cuyas trama nos llevaban a un periblo vehemente hacia Lima, el norte de Francia y el norte de New Mexico en contextos históricos diferentes: la Lima de los años setenta, de los años noventa y la actual, y New Mexico en 1917 y 1944. De ahí el añadido de Cuentos transhumantes al título del libroponiendo así el énfasis en lo errante, lo peregrino y nómada de sus historias, tanto en lo geográfico como en el tiempo. 

             El autor  sedimentó su trabajo literario en la “ciudad diferente”  de Santa Fe, New Mexico;  desde allí, él  vive su dualidad de migrante-escritor que se ve reflejada en esta colección de cuentos. Sin embargo, lejos de dejarse seducir por la nostalgia típica del migrante que tiende caer en el juego de la memoria alterada por la lejanía, él la transfigura en ficción con la ventaja que le brinda la distancia psicológica sobre dos mundos todavía presentes en su cotidianidad.  Él mismo nos ha dicho alguna vez que “la nostalgia es una mochila que el migrante carga toda su vida y le es imposible llenar”. La memoria se distorsiona selectivamente y se convierte  en  melancolía, pero para algunos no necesariamente en ficción. “La plaga de la memoria” según Leonardo Padura, persigue a algunos autores que no dejan de soñar en el mundo que dejaron. Sin embargo, quizá lo más importante y diferente en la narrativa  de Luis Fernández-Zavala es que él sabe de este juego de la memoria y lo utiliza conscientemente para  hacer literatura comtemporánea con un ojo avisor que la hace creíble y amena. Dimensionando la nostalgia puede dar rienda suelta a su creatividad y mentir a su gusto, tal como las historias se lo demanden. 

            En El hotel que la habitaba nos situa dentro una Lima caótica y maltradora de sus habitantes y en las historias fatasmagóricas del Gran Hotel Bolivar. El personaje central de la historia es Verónica, una joven madre soltera que trabaja como mesera en el hotel. Durante sus pesquisas para determinar que estaba pasando en la habitación 366, Verónica se encontrará con personajes del pasado y de la época actual, los cuales tienen razones muy particulares para fijar su estadía en este “cuadrado castillo blanco, taciturno y ceremonioso…” del pasado. 

            Aprender a esperar frente al mar  nos cuenta la historia de un escritor cuarentón que tiene un love affair  con la hija de su mejor amiga durante su visita turística a Perú. Su “misión peruanizadora” para con la francesita se convierte en una relación romántica durante el periplo turístico. La historia se complica cuando su mejor amiga muestra también un interés romántico hacia Sergio. Éste esperará el término de su relación efímera frente al mar en las costas norteñas de Francia, tal y como lo aprendió desde su niñez, frente a las orillas de la Mar Brava en el Callao. Sergio le dirá a su joven amante: “Yo solo quería verte una vez más frente al mar, quizá para sentirme menos solo. El mar siempre me anuda a mitos benévolos y lo hace todo más fácil: las esperas, las despedidas, las partidas…”

            Alitas de pollo es uno de los cuentos más cortos de esta colección. Un joven poeta se pasa la noche escribiendo un poema para que su amiga lo acepte como su enamorado. El resultado no es como lo esperaba. No se puede forzar el amor con un poema o con cien poemas, pero éste puede  ser el origen de la chispa que incienda la vena literaria del joven poeta.

            Las acciones de los últimos tres cuentos suceden en New Mexico. Dos abuelas Huevos de Pascua nos llevan de nuevo a San Juan, pueblo ficticio creado en su primer libro de cuentos. Conoceremos a doña Guillermina y a doña Jesusita, dos abuelas  que con dos estilos de vida diferentes, tratan de darle lo mejor de su amor y enseñarle a Lorenzo a amar la vida en los tiempos aciagos de la Segunda Guerra Mundial. En Huevos de Pascua, Lorenzo con su nueve años curiosos,  aprenderá acerca de los ritos sangrientos de lo Penitentes durante la Semana Santa, se cuestionará su fe, mientras una detective improvisada busca resolver el caso del aparente asesinato de un miembro de la cofradía de Penitentes.

            En el último cuento de esta colección, el autor miente a su gusto. Como es conocido Trotski, el revolucionario ruso, residió en New York por tres meses en 1917. Era la época de también de la presencia en esta ciudad de una corriente de intelectuales y artistas  contestarios. El autor hace que estos personajes se interrelacionen para descubrir el llamado Atlantis rojo,que era como se le conocía a la “nueva realidad” existente en Taos, New Mexico. En esta historia la realidad y la posibilidad, la Historia y la ficción, lo conocido y lo imaginado se juntan para presentarnos un relato finamente hilvanado y creíble. ¿Estuvo realmente Trotski en Taos? ¿Mabel Dodge Luján, (la rica heredera y feminista autora de Edge of Taos Desert:An Scape To Reality), y Trotski se conocieron? ¿Los pintores de la Sociedad Artística de Taos que difundieron la imagen de los Indios Taos, realmente fueron contestarios y amigos de Trotski? El autor nos propone creer que sí.

Pukiyari Editores ha hecho un magnífico trabajo de editorial, empezando por la carátula diseñada por Camilo Quevedo y que invita al lector a sumergirse placenteramente en un periplo imaginativo y entretenido,

              (*) Disponible en Amazon y Kindle. 

Las fiebres de la memoria

Las Fiebres de la Memoria de Gioconda Belli: amor, misterio y aventura, una mirada íntima al reto de reinventarse una identidad y aceptar una segunda oportunidad

—por Luis Fernández-Zavala Ph.D. (*)—El acto de escribir
tiene un efecto civilizador
para la conciencia.
Gioconda Belli

Una de las más prolijas y laureadas escritoras de Latinoamérica, la novelista y poetisa nicaragüense Gioconda Belli nos entrega una delicia de novela de 358 páginas titulada Las fiebres de la memoria (Editorial Planeta – Seix Barral 2018). La escritora no es nueva en el quehacer literario habiendo publicado desde 1972 hasta la fecha, veintidós obras entre poesía y narración y obtenido a lo largo de su carrera literaria, más de dieciséis premios literarios nacionales e internacionales. El último que obtuvo fue el Premio Eñe 2018 otorgado por el Festival Eñe en reconocimiento a su obra, trayectoria y compromiso cívico.
En esta oportunidad Gioconda Belli, con una pluma ágil y una bien estructurada narrativa, nos cuenta las aventuras del duque francés Charles Choiseul de Praslin desde el momento en que se ve envuelto en el asesinato de su esposa (Françoise Altaria Rosalba Sebastiani de La Porta), hasta que su fallido intento de suicidio le abre la oportunidad de una segunda nueva vida con otra identidad en los territorios nicaragüenses. Su huida de Francia, con la ayuda del rey Luis Felipe I de Orleans, lo lleva a un largo periplo que pasa por la Isla de Wight, Londres y Liverpool en Inglaterra, New York y finalmente, Matagalpa en Nicaragua. Su fuga la hace acompañado de Ibrahim, un moro pagado por el rey francés, que se convierte en su enfermero, protector, asistente, ayuda de cámara, mayordomo y confidente que no solo le facilita la logística de su fuga, sino que también lo ayuda a deshacerse de su identidad aristocrática para convertirlo en un burgués común y corriente de la época.
La tragedia personal del duque, sin embargo, no empieza con su accesoria participación en la muerte de su esposa, sino que se genera en su relación matrimonial disfuncional y su posición de poder nobiliario aliado del rey. Con una esposa obsesiva y nueve hijos que fueron la forma de tenerlo atado a una relación sin amor, y con una amante-institutriz que le reclama sujeción y status, su mundo aparentemente ordenado y su posición de poder rodeada de escándalo, comienzan a desmoronarse y abren las compuertas para el clímax de la desgracia. Esta misma situación, sin embargo, es el comienzo de su aventura en la que el duque tiene que “morir” otra vez, ya no en términos físicos y públicos, sino en relación a su pasado. Siguiendo muy de cerca al duque en otros territorios, con otro nombre y con una biografía inventada, el lector se preguntará si habrá redención posible para el duque y de qué depende ésta. En toda su travesía, dos fantasmas (fiebres) lo acechan impidiendo lograr su cometido: la culpabilidad y la negación de su identidad aristocrática. En ambos, la memoria jugará un papel determinante: ¿Cómo lidiar con esta memoria para iniciar una nueva vida? 

En parte, la efectividad de la terapia vivencial del duque estará condicionada por la nueva sinergia con personajes cuya transcendencia no se basa en el poder adquirido por títulos nobiliarios, sino por su calidad humana y sus habilidades personales producto de sus esfuerzos y entrega a causas de diferente índole y significancia. Se encontrará con personajes con quienes nunca se hubiese podido relacionar, si se hubiese quedado siendo el mismo personaje aristocrático de siempre. Se relacionará con científicos, poetas, soñadores, emprendedores, pobres migrantes europeos y con mujeres distintivamente fuertes: la fotógrafa, la cantante lesbiana, la hacendada organizadora de tertulias artísticas, la viuda bella y emprendedora (la Rosa Blanca). Conocer estos personajes e imbuirse en un paisaje naturalmente bello y agreste formará parte de la nueva realidad del duque migrante. El nuevo territorio con su bella vastedad y la simpleza de su gente lo van transformando para que al final pueda aceptar su nueva realidad y pueda reinventarse.
La belleza narrativa de Gioconda Belli está cargada de historia real, tanto en contexto histórico en que se desenvuelve la acción de la novela, como en cuanto a la información biográfica que dejó su tatarabuelo escondida en una lata de galletas. La autora se toma el trabajo de recomponer la información obtenida mediante una investigación exhaustiva. El resultado de su afilada pluma literaria es una novela donde el contexto histórico está debidamente dibujado con naturalidad y agilidad, entregándonos una aventura personal creíble y bien contextualizada.
Un aspecto digno de resaltarse es la decisión de la autora de contar la historia en primera persona con una voz masculina. Sentí el hombre que hay en mí, nos dirá la autora. Es admirable la forma de presentar al personaje masculino en todas sus complejidades, sin caer en lo panfletario y en chiclés, teniendo en cuenta que la escritora es una feminista reconocida. Según sus propias palabras, no había otra forma de contar esta historia. Sin embargo, su decisión y la manera como es presentado personaje masculino, no ha estado exenta de críticas y le llaman la atención por presentarnos a un macho de 1847 con una voz interior un tanto feminizada. ¿El macho de 1847 expresa muchas emociones contradictorias y complejas típicas de las mujeres? Para responder a esta pregunta los lectores masculinos deberíamos escuchar nuestra voz interior más frecuentemente y sincerar el procesamiento de nuestras emociones más allá de la estereotípica frase: así piensan o sienten los hombres, así piensan o sienten las mujeres. Una lectura acuciosa de la novela podría ayudarnos en ese proceso.

El duque migrante: reflexión aparte.
Un comentario aparte merece la relación entre memoria-migración. El duque francés es después de todo un migrante que viaja con sus recuerdos y su bagaje cultural. ¿Desaparecen estos recuerdos (fiebres) por el hecho de migrar? No, por el contrario, éstos forman parte de la trama central de la novela (es lo que crea el drama y el conflicto) y son parte de la aventura por reinventarse en otros territorios. La memoria, sin embargo, según la propia Belli, es una construcción (hasta social para algunos migrantes) es la mochila invisible con la que cruzamos la frontera, es el mundo de la ficción personalizada: se exacerban los sabores, los amigos que dejamos se convierten en super amigos, la familia en la panacea de unión y amor, el país (país de mierda, al principio) en el refugio soñado. La memoria del migrante lo distorsiona todo, nos marca, nos convierte en zombis de la nostalgia. La memoria deviene (como lo expresa unos de los personajes de mis cuentos) en “esa cajita obscura que nos arruina la vida”. Nos queda claro que la memoria para el migrante es parte consustancial de su proceso de integración y reinvención a su nueva realidad, nunca desaparece, se convierte en nostalgia permanente, que le hace cantar a gritos “no soy de aquí, no soy de allá” y por más que chillemos, siempre será una mochila inventada. La novela de Gioconda Belli nos permite reflexionar vivamente sobre cómo se manifiesta este fenómeno en la vida particular del duque francés. ¿Nos alcanzará esta reflexión a nosotros de alguna manera? 

(*) Autor de El hotel que la habitaba (Pukiyari 2019) El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas (Pukiyari 2014) disponibled en AMAZON.COM

Esa muerte existe de Jennifer Thorndike

Esa muerte existe de Jennifer Thorndike: Maldad y entorno social

                                                                                                                                                                                                                         (*) Luis Fernández-Zavala. Ph.D. 

            Jennnifer Thorndike es una escritora peruana cuyo talento literario está dando mucho que hablar con solo dos novelas y dos libros de cuentos entre 2007 y 2016. Sus cuentos han sido traducidos al portugués, francés y al inglés y aparecen en diversas antologías. En esta oportunidad queremos comentar su novela Esa muerte existe, (Random House, 2016).Si algo caracteriza  esta novela corta (159 páginas)  es el cuidadoso armado de los detalles tanto gráficos en la carátula, como en el texto mismo, diseñados para encerrar  al lector y no dejarlo salir hasta llegar a conocer la historia perversa de Sofía, su hermana Lucía y su abuelo.  Desde la carátula en negro con un rostro de mujer  con los los ojos vendados, comenzamos a transcurrir página tras página, ,  palabra tras palabra, en el mundo oscuro de una familia disfuncional. El efecto clustrofóbico sobre el lector es contundente.

            El tema en sí mismo de la novela no es nada nuevo: la competencia entre hermanas. Sin embargo, lejos de embarcarnos en una futil trayectoria de anecdotas nimias, la autora, usando todo el poder descriptivo de su pluma y la intensidad de su creatividad, nos adentra en la cavernas de una relación familiar basada en la opresión, dehumanización, la dialéctica de la codependencia y la  humillación en que se ven envueltas las hermanas. No se nos presentan emociones simples, al contrario, la complejidad de la relación entre las hermanas,  transciende sus características individuales, ellas forman una unidad destructiva y necesaria, producto de la historia aberrante de sus padres y de su abuelo. 

La otra muerte 

            Las hermanas son rescatadas del albergue por el abuelo (“el Monstruo”) para evitar que mueran en la desolación en que morirían sus padres en ese mismo lugar. Pero les espera otro tipo de muerte: la que las deshumaniza día a día y las inserta en un sendero oscuro que su abuelo ya había caminado. Sofía, “la Larva”, encarnadará lo todo lo opuesto de lo que el abuelo quiere resaltar perversamente en Lucía: lo bello, lo inteligente, lo sexi, el placer escondido, y hasta tiene un valor de cambio si es que logra alquilarla  a los productores de comerciales y un valor de uso para sus apetitos sexuales. La otra hermana, es la esclava , un objeto subhumano, una larva por ser fea y deforme  que solo tiene valor de uso para servir a su hermana.       El desprecio del abuelo por Sofía es algo que Lucía necesita para reinvindicar su poder sobre su hermana; servir a su hermana es para Sofia una necesidad contradictoria: al servirla ella misma crea una mutua dependencia odio/amor.  

            “…¿Cómo vas sobrevivir tú sola?,le dije. Entonces se calmó y repitió que   necesitabamos estar juntas.Y tenía razón: solo nos teníamos la una a la otra.    Eramos parásitos , yo de su dolor y ella de mi odio”.

            Las hermanas  se necesitan hiriéndose  Pareciera ser que su mantra es: Te necesito para odiarte, te necesito para que me sirvas. Esta situación se hace más evidente cuando Lucía queda ciega por accidente o premeditación de Sofía. 

Poder, soledad   y hombres descompuestos

                        La trama que comienza con el interrogatorio de Sofía acerca de la muerte de su hermana sumerge al lector dentro del mundo solitario y claustrófico de Sofia. Ella está atada a una silla y la interrogan un detective, un psiquiatra, un abogado de oficio  y está presente también un agresivo carcelero. Todos estos hombres cumplen una función dentro del sistema de justicia, pero no dejan de ser hombres maltratadores, abusivos y morbosos que se esconden detras de su función administrativa, para también abusarla y denigrarla. Todos los hombres en la novela aparecen sin rostro o personalidad, no se sabe nada de ellos, son como sombras fantamasgóricas rodeando a la prisonera. Si le añadimos a esto que la autora decide ponernos dentro del asilo, la casa del abuelo, la celda, el cuarto de interrogatorio creando una sensacion de encerramiento total  de la cual el lector dificilmente  puede apartarse  hasta que llegue el final la historia, todos los elementos narrativos están inteligentemente puestos para hacernos sentir la profunda soledad de Sofía. 

            Cabe preguntarse cómo es que logra la autora mantenernos atados a los hilos de las desgracias del mundo bizarro de Sofía. ¿Qué es lo que hace que lo horroso de la vida  de Sofia nos ate hasta el final de la novela? Nos envuelve  nuestra propia perversión voyerista? ¿Nos circunda un álito de esperanza solidario buscando una luz para las desgracias de Sofía? ¿Nos alimenta un rechazo viceral a este tipo de relaciones familares desatrosas que algunas vez nos han tocado vivir? Una novela que escarba esas preguntas en el lector, merece leerse con atención.         

(*) Autor de El guerrero de la espuma y otras tantas despedidas(Pukiyari, 2014), El hotel que la habitaba(Puriyari, 2019), Disponibles en Amazon.

Los detectives salvajes: Los hijos bastardos del boom latinoamericano

—por Luis Fernández-Zavala (*)—

“El problema con la literatura, como en la vida, dice don Crispín,

es que al final uno siempre termina volviéndose un cabrón.”

Roberto Bolaño (Chile, 1953-2003).

La monumental novela de Roberto Bolaño (Vintage Español, 1988) fue recibida por los medios especializados como una gran obra que mereció el Premio Rómulo Gallegos de novela (obtenido anteriormente por autores de la categoría de Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa) y el Premio Herralde de la editorial española Anagrama. El New York Times lo catalogó como “uno de los diez mejores libros del año” en el 2007; el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona ha abierto una exhibición recontando la vida del autor en España y se habla de Bolaño como el escritor cuya carrera ha llegado a redefinir la estética literaria global (Hector Tobar, Los Angeles Times).

Los detectives salvajes 2Los detectives salvajes no es una obra fácil de leer porque no tiene la estructura lineal a la que ya estamos muy acostumbrados. La trama se desarrolla dentro un largo período de tiempo, entrecruzándose un gran número de personajes y nombres de autores literarios, un tanto difícil de seguir. Empieza en México D.F. (1975-1976) y luego el autor nos lleva a Europa, África e Israel (1996), para volvernos a traer a México, Sonora, en 1976. Por otro lado, para reconstruir los perfiles de Arturo Belano y Ulises Lima, líderes de un minúsculo movimiento literario radical, se nos presentan las recolecciones de 52 personajes, algunos de ellos sin conexión obvia.

En la primera parte, Mexicanos perdidos en México (1975), Bolaño usa el diario de Juan García Madero para introducirnos al ambiente literario de México D.F., a mediados de los años setenta. El joven poeta se relaciona con una serie de personajes marginales del mundo bohemio, tiene sus primeras experiencias sexuales y saborea el placer de ser reconocido como poeta por la mesera de un bar y el ser aceptado como parte de los visceralistas, el grupo de referencia que lo hace sentir ser parte de algo especial y diferente. Para el lector acucioso, México D.F. es Latinoamérica y la experiencia de Juan García Madero y los visceralistas es la de los escritores en búsqueda de un espacio en el ambiente cultural después del boom literario de los años sesenta.

“…a los muchachos pobres no nos queda otro remedio que la vanguardia literaria.”

En la segunda parte del libro, Los detectives salvajes (1976-1996), los líderes del movimiento literario radical, Arturo Belano, Ulises Lima y otros visceralistas, van apareciendo más nítidamente. En este capítulo, un inquisidor invisible, reconstruye la existencia de este movimiento literario efímero y movedizo y la vida marginal e impulsiva de los líderes del visceralismo. Aquí la remembranza de extraños personajes que se mezclan y entrecruzan (libreros, académicos, editores, poetas exitosos, locos, rebeldes literarios, cajeras de supermercado, prostitutas, lúmpenes y bisexuales) son la fuente de información. El mosaico de información —da la impresión de estar viendo un documental— no proviene de la escena oficial, sino de la marginal. Muy pocos conocen la producción de los visceralistas y mucho menos quieren publicar sus trabajos. Bolaño, con el material del primer y segundo capítulo, reconstruye una era, un ambiente cultural a partir de una muy elaborada tela de araña que se expande y vuelve a centrarse, casi inadvertidamente, en los personajes principales.

En tercera parte de la novela, Los desiertos de Sonora (1976), vuelve la voz del joven Juan García Madero para narrar la búsqueda y el encuentro con Cesárea Tinajero, la madre del visceralismo. La aventura de encontrar a la fantasmagórica poetiza de los años treinta es un trabajo de hormiga, paciente y persistente, en un desierto inhóspito, tamizado por el riesgo de ser encontrados y matados por el delincuente dueño de la prostituta Lupe, que los persigue desde el D.F. Lupe a estas alturas es la amante del joven poeta. Otra vez, lo lumpen, se mezcla con el derrotero de movimiento literario. Los poetas no logran conectarse sino superficialmente con la Cesárea Tinajero y su fin trágico, los deja sin conexión con la tradición literaria que ellos buscaban. Si tomamos en cuenta que después de estos episodios, Belano y Lima salen de México (presentados en el capítulo anterior) y que el joven poeta se queda deambulando en Sonora con su amante prostituta, el derrotero del movimiento literario radical es incierto. Los noveles escritores buscarán otros horizontes motivados por sus intereses inmediatos de sobrevivencia, amor y desamor. La búsqueda de un referente literario acaba ahí.

Lo que definirá su producción literaria a partir de ese momento será la búsqueda de Roberto Bolañootros ambientes culturales ligados a su aventura de vivir. Así Europa, no es el destino idealizado donde iban a parar los escritores del boom; para los visceralistas, son lugares en los que se transita, se sobrevive y se escribe. Muchas veces se aprende más de la literatura leyendo a los autores franceses por ejemplo, en América Latina. Cabe señalar que por más radicales literarios que estos jóvenes escritores sean, no son unos improvisados. Tienen y manejan un bagaje literario impresionante como lo demuestra el joven Madero entreteniendo a sus compañeros de aventura con preguntas y respuestas sobre métrica literaria y estructura de la poesía; esto también lo podemos notar en los libros que roban y leen. No son improvisados pero no aceptan encasillamientos: su radicalismo literario los enfrenta al establishment representado por Octavio Paz y Neruda, pero también los enfrenta a los grupos autóctonos y a la izquierda literaria ligada a los movimientos revolucionarios de la época de los sesenta.

“La mafia de los libreros mexicanos no desmerece en nada a la mafia de los literatos mexicanos.”

Al margen de lo autobiográfico, que sería la forma más simple de seguir la trama, Los detectives salvajes representa más bien la ficcionalización de un ambiente, la recreación del espíritu cultural de una época; son los tiempos del post-modernismo donde todo es efímero, nebuloso y marginal y como siempre, los jóvenes escritores quieren inventarlo todo de nuevo. La pregunta que se deriva es: ¿cómo?

Para Bolaños, las vicisitudes de los escritores de su generación no son teóricas o académicas, pero sí “reales”. La necesidad de crear algo nuevo, no son racionales, son vividas por los poetas y escritores de la década del setenta en adelante, respondiendo a un contexto histórico donde no pasa nada importante. Tiene el mismo impulso contestatario del boom, pero quiere desprenderse o, en el mejor de los casos, distanciarse de ese fenómeno cultural. Ya no se trata del drama individual frente a los grandes acontecimientos; ahora se trata de un contexto histórico-cultural donde los escritores reevalúan la tradición literaria, lo establecido y el futuro incierto abierto a corrientes más amplias. En este contexto, las prostitutas, los bares de poca monta, los hoteluchos, las otras preferencias sexuales, los juegos de alianzas individuales, la satisfacción de deseos inmediatos y personales en el mundo subterráneo de la gran ciudad, sin muchas reglas (Latinoamérica), definen las tramas, estilos literarios y la vida de los escritores. Por eso lo nebuloso de los visceralistas (o infrarrealistas, o nuevos escritores), por eso aparecen y desaparecen, escriben y dejan de escribir, viajan y regresan, para devenir en otra cosa. ¿Qué cosa? Para devenir en el producto condensado en Los detectives salvajes, una novela diferente y multidimensional que abre las compuertas de lo ya establecido.

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(*) Luis Fernández-Zavala, Ph.D. Autor de la colección de cuentos: El guerrero de la espuma y la otras tantas despedidas, reside en Santa Fe, NM – luferza@gmail.com